Camino a Kona

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Sportlan
Por: Sportlan

MI CAMINO A KONA

Hace unos años empecé en el triatlón, primero en distancia sprint, después olímpica y más adelante decidí probar la distancia Ironman 70.3, la que se volvió mi distancia favorita. Pero en mi mente siempre estaba la ilusión de hacer un Ironman, y algún día poder clasificar para el IRONMAN WORLD CHAMPION EN KONA, HAWÁII, un lugar de en sueño para mí. Pero si soy sincera, le tenía mucho respeto, pues las distancias son una barbaridad, 3.800 metros de natación, 180 km en bici y 42 km corriendo, pero era uno de mis sueños, ser una Ironwoman y sí, llegó 2017 y podía ser el año para cumplir este reto. Después de mi participación en el Ironman World Champion 70.3 en Chattanooga, Tennessee en el mes de septiembre de este año, tomé la decisión de hacer en Cozumel, México, mi primer Ironman. Y empezó la dura, muy dura preparación. ¡Ser una Ironwoman cuesta y cuesta mucho!

Muchos días de largos entrenamientos, de sentir cansancio día tras día, muchos días de madrugar, muchas horas de soledad y luchas con mi mente por acabar mis largos entrenamientos, pero sabía que mi sueño estaba cada vez más cerca y el 26 de noviembre, 2017 llegó. Rodeada de mi familia, mi novio, mi entrenador, amigos y también compañeros de equipo, mis amigas y patrocinadoras de la mejor ropa que puedo llevar Peregrinbikewear, llegábamos a la zona de transición para alistar todo y entre mil bolsas de mil colores y los nervios ¡uf!, olvidé en el hotel la bolsa naranja que era de necesidades especiales para el kilómetro 90 de bici. Pero pedí otra, metí geles y un plátano, por si a caso, porque al ser mi primer Ironman, la idea “por si a caso”, estaba muy presente. Algo que me repetían mucho, era que no experimentara nada el día del evento, que todo lo que había comido, bebido y usado durante mis entrenamientos, lo consumiera igual ese día.

Llegamos a la zona de salida y las emociones se exaltaron más, se te llenan los ojos de lágrimas y sonríes por que estás donde dijiste que querías estar y sabes, que si todo sale bien hoy, estarás más cerca de cumplir el siguiente sueño. Dan la salida y a diferencia de un Ironman 70.3, donde todos salen como si fuera una distancia sprint (yo me incluyo en ese grupo de desesperados), aquí la gente abrazaba a sus familiares, caminaban y se acomodaban la gorra, los gogles, el traje de baño, todo con mucha calma, saltando del muelle con distancia entre unos y otros.

Qué increíble es nadar en ese lugar, el agua es tan clara que puedes ver la profundidad y sus arrecifes con toda claridad, pero ¡ya Vitxori!, no viniste a ver pececitos, así que concéntrate, me dije a mi misma, y seguí nadando con muy buenas sensaciones, logrando terminar esta primera etapa en primer lugar de mi categoría.
Llegué a la transición concentrada en todo lo que tenía que tomar: el casco, esta vez calcetines, lentes, geles, y ya que estoy lista, corrí a mi bici. Primera vuelta de 60 km, me siento muy bien, esos largos entrenamientos se notan. Estoy por terminar mi segunda vuelta y oigo una salida de aire en el km 110 y empiezo a decir “no, no, no, no soy yo” pero sí, sí era yo. Mi primer pinchazo en mi vida, pero como dicen siempre hay una primera vez para todo. Me tuve que detener porque rápidamente mi llanta delantera estaba en el suelo, siento cómo se me viene el mundo encima, pero me tranquilizo y empiezo a actuar porque en tantas horas, todo puede pasar. Veo a un juez y lo detengo, le pido que llame a un mecánico. En la espera de su llegada empiezo a sacar mi tubular y la cinta, por fin llega el mecánico y ¡guau! qué manera de cambiar un tubular. Ahora sí, todo listo, tubular nuevo, llanta lista, me subo y empiezo de nuevo para terminar mi segunda vuelta.

Confieso que hace mucho no le rezaba tanto a Diosito para que no volviera a pinchar, porque no traía otro tubular, ni nada más para cambiar. La tercera vuelta se me hizo eterna por la preocupación de pensar que podía volver a pinchar y mi competencia terminaría ahí. Fue un martirio, no me sentía mal físicamente pero ¡uf! qué larga se me hizo la última vuelta; veía cómo subían los km en mi conta kilómetros y daba gracias por estar más cerca. Por fin llegué a la transición, me bajo de la bici y ¡auch!, no siento mis piernas y me pregunto “¿cómo voy a correr 42 km así?” Me pongo mis tenis, empiezo a trotar y mis sensaciones empiezan a mejorar mucho, me dicen que sigo en primer lugar de mi categoría y ¡uf, veo Kona un poco cerca de mí!

Qué miedo le tenía al maratón y qué increíble fue correrlo. En la primera vuelta me sentí muy bien y mi ritmo era muy bueno. En la segunda vuelta me dije “Vitxori, calma tu emoción que aún faltan 28 largos kilómetros”. Pero, ver a tanta gente conocida y a mi familia animándome ¡uf, me hicieron volar! Segunda vuelta lista y solo una vuelta más, ¿qué son 14 kilómetros? (risa irónica). Las piernas ya duelen y duelen mucho, empezaba a no sentirlas y es cuando empecé a correr por inercia. Pero yo siento que empecé a correr con el corazón y con mi mente, porque la meta cada vez estaba más cerca, porque seguía en primer lugar y como me decía mi papá cada vez que lo veía durante la carrera, ”Kona está más cerca”.

Ahora, los últimos 7 kilometros que te llevan a la meta, mi panza se me revuelve y ya no quiere más geles, ni gomitas, ni gatorade, ni nada. Mi pierna derecha está con ganas de engarrotarse y yo con el corazón y la mente feliz. Pero nada se compara con el sufrimiento y estrés que pasé durante los últimos 70 kilómetros en bici, sabiendo que podía volver a pinchar y mi carrera podía terminar. Sigo, veo la meta y las lágrimas llenan mi rostro, mi sueño está ahí, Kona está ahí, mi familia está ahí, la gente que quiero está ahí, cruzo la meta y ¡guau, 10 horas, 15 minutos! Vuelvo a demostrarme a mí misma una vez más, que con pasión, constancia, disciplina, esfuerzo y gente buena a tu alrededor ¡los sueños, los haces realidad! Cruzar mi primera meta Ironman, ganar primer lugar en mi categoría y calificar a Kona, Hawaii, hacen que hoy me sienta en un sueño, uno de los mejores días de mi vida. Hoy digo Aloha Kona 2018. Road to Kona 2018.

He tenido la oportunidad de estar en varias premiaciones en mi vida, pero esta premiación fue única. Todos llegamos muy puntuales a la entrega de slots (lugar ganado para Kona), y se siente un ambiente de respeto cuando se llama a los ganadores, se aplaude, se grita y nunca me había sentido tan especial que hasta nerviosa me sentía. Dicen mi nombre, tomo mi slot, mi moneda y la gente te hace sentir afortunado y grande, muy, muy grande porque saben que estarás en Kona, en la gran fiesta del triatlón. Gracias a mi familia, a mi novio, mi entrenador, amigos y gente que siempre me envía un mensaje de apoyo y motivación, gracias a mis patrocinadores PeregrinBikeWear y Federmut, porque todos juntos somos un gran equipo.

Gracias.
Victoria Juanicotena Madrigal.